jueves, 23 de mayo de 2013

“Como dos negras desnudas cantando”


Hace un par de años, saltó la sorpresa. Gonja Sufi, un rapero del underground californiano, había sampleado a Las Grecas. Lo hizo por las bravas y, por lo que sé, todavía debe estar negociando -desde una posición desventajosa, ay- con Sony, actual propietaria del tesoro discográfico de Las Grecas. Y es que sí, uno encuentra ecos inesperados de Tina y Carmela. Paco de Lucía ha reconocido su deslumbramiento ante un dúo que cantaba flamenquísimo sobre una base eléctrica. Intuyó allí posibilidades que luego desarrollaría en sus propios discos: su rumba más famosa, Entre dos aguas, deriva de la escucha obsesiva de Te estoy amando locamente. Paco igualmente confirma el rumor: Camarón era fan de Las Grecas.

   Conviene reiterar estas historias: en España, Las Grecas no fueron entendidas en toda su grandeza.  Aquí, el éxito inesperado y rotundo suele despertar toda una fama de monstruos: incomprensión, recelos, maledicencias. Así que hay que machacar lo obvio: no fueron exactamente un producto de laboratorio. La suya es una historia más complicada, donde confluyen una genialidad innata y la visión de un productor visionario.

      En el principio, dos gitanillas madrileñas, criadas en Carabanchel Bajo. No gemelas, como aseguraba algún periodista fantasioso: Carmela Muñoz Barrull era la hermana mayor (19-junio-1954) de Edelia, alias Tina (17-febrero-1957). Y habían visto mundo: la familia se trasladó a Argentina a finales de los sesenta, aprovechando que contaban con parientes entre la comunidad de gitanos que comerciaban con telas; recuerden que Peret también hizo ese viaje, unos años antes. También vivieron en Canarias y en todos los sitios oyeron lo mismo: “estas niñas tienen algo, deberían ser artistas.” De vuelta en la península, empezaron a visitar tablaos secretamente: el Tío Pascual, que ejercía la patria potestad en ausencia del padre, no quería que se mezclaran con el ambiente del artisteo.

      Con o sin permiso, se presentaron en Los Canasteros, local de la calle Barbieri. Las ganas de la pareja y sus evidentes dotes impresionaron al dueño, el cantaor Manolo Caracol, que las fichó tras unas pruebas que –dice la leyenda- tuvo a unos jóvenes Paco y Camarón como espectadores boquiabiertos. Como recuerda Carmela, “se armó el taco”. Aquellas hermanas habían desarrollado un estilo insólito: cantaban al unísono, una idea  chocante en el flamenco, arte de la inspiración personal, atento a la ocurrencia personal. Además, en su cancionero ya estaban esbozos de Te estoy amando locamente o Sagapó.

      Funcionó el boca a oreja. Fueron invitadas a participar en un homenaje a Lola Flores que se celebró en Caripén, el tablao que ella regentaba junto a la Plaza de Oriente. Un éxito y un cambio del lugar de trabajo: de Los Canasteros, a 500 pesetas por día, a Caripén, cobrando 3.500, un fortunón para el año 1972. Y allí apareció una noche el cazatalentos José Luis de Carlos. Hombre de CBS, entonces la más lanzada de las  discográficas.

    En sus bellas palabras, “me quedé anonadado, era como escuchar a dos negras desnudas”. Al día siguiente, Tina y Carmela estaban en las oficinas de CBS, hablando de contratos. Tardarían meses en ver su primer disco en la calle; José Luís de Carlos hervía en ideas. El productor acababa de regresar de Estados Unidos con la cabeza llena de rock y aquellas gitanas le parecieron un regalo de los dioses: contaban con imagen, repertorio y un arte que se expresaba, como ellas decían, cantando “moderno”.


     El productor sabía de anteriores experimentos, como el de Smash con Manuel Molina, donde se injertó flamenco en un contexto rock. Pero su apuesta quería ser más radical. En las primeras maquetas, probó a conjuntar músicos andaluces (Paco Cepero, Felipe Campuzano) con rockeros suaves (Rodrigo, Guzmán) pero, a la hora de grabar, se inclinó por un grupo eléctrico con todas las de la ley. Más colaboradores de excepción: los primeros arreglos fueron realizados por Pepe Nieto y Eddy Guerin. A mitad de la grabación, entró el portugués  Johnny Galvao, que trabajaría regularmente con ellas en calidad de arreglador y guitarrista, aunque conviene saber que los feroces guitarrazos de Te estoy amando locamente fueron obra de Carlos Villa, según recuerda De Carlos.

      Con ese tema en la cara A, su primer single salió en una fecha poco adecuada para los grandes lanzamientos: el 15 de enero de 1973. Aquello era fuerte para la época: la brutalidad de la introducción, casi treinta segundos antes de que surjan esas voces desmelenadas, con un vocabulario peculiar. Sin embargo, transmitía. Transmitía  pasión en estado puro, un ardor sexual que sabía de frustraciones y barreras. Despegó muy lento pero finalmente conectó: fue número uno durante muchas semanas y llegaría a despachar ¡medio millón de copías! Aparte de saltar mares y océanos. Pero esa es otra historia.


[Nota: este entrada actualiza el texto publicado en 1995, dentro del recopilatorio Por siempre Grecas. La próxima semana, ASCENSIÓN DE LAS GRECAS Y CAÍDA DE TINA].

fuente
http://blogs.elpais.com/planeta-manrique/2012/06/las-grecas-como-dos-negras-desnudas-cantando.html