domingo, 6 de octubre de 2013

Nunca... (18) Carmela, y Las Grecas*

Este post lo escribí la madrugada del 6 de abril de 2012. Terminé de hacerlo alrededor de las 5 de la mañana, y esa noche no pude dormir. Intenté hacer desaparecer de él todo el dolor que acudió a mi cuando iba recordando los momentos vividos con dos ángeles a los que la vida sonrió al comienzo para mas tarde maltratarlas cruelmente. Por su sensibilidad, carácter y entrega a los demás no se merecían el castigo que la vida les tenia reservado. En el tiempo que pasé con ellas, a su lado, compartiendo sus aspiraciones, sueños y confidencias, puedo decir que me encontré a dos personas de alma limpia y sincera capaces de mirar de frente a cualquiera y sin engaño. Quizás por eso los buitres que las merodeaban acabaron devorando el cuerpo y el espíritu de esos dos seres maravillosos. Entiendo a Carmela cuando dice que por fin su hermana descansa, y seguro que está disfrutando de una felicidad que la vida se encargó de matar. Carmela... solamente pensar en ella, recordarla es volver a quererla. Quizás quien escribe se haya hecho con los años mas sensible, o quizás no, seguro que no, porque siempre he sabido ver el alma y el corazón limpio.

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Tras el cruce de miradas en la presentación de Cecilia no había vuelto a saber nada de ella. Sabía que tenía en promoción un nuevo disco, Ya no quiero pensar y estaba haciendo programas de televisión, entrevistas y reportajes de prensa y radio. Una de las tardes que Luis Garza y Nieves García vinieron para comentarnos las novedades de los productos de la compañía lo hicieron acompañados por un tipo bastante peculiar.

Freddy era alto, de calva incipiente y larga melena. Vestía traje de chaqueta oscuro con camisa de color azul claro con el cuello por encima de la americana -muy de moda entonces- y zapatos con tacón. En ese momento estábamos en el estudio Juan Fernando y yo procediendo al relevo del turno. A primera vista encajó muy bien con Juan F., pero debido a que entraba de turno me invitó a tomar un café en Herza, la cafetería que, junto a Nebraska, frecuentábamos al salir de la radio y se había convertido en una prolongación del estudio de la FM. De hecho todas las tardes llamábamos para que nos subieran bebidas o sándwiches, incluso la radio había establecido un acuerdo para que los días que tuviéramos que quedarnos para doblar un turno, o prolongarlo, porque Fernando Vega no pudiera venir a hacer el programa de música clásica, nos subieran la cena. Herza se encontraba en el local que ahora ocupa Helados Palazzo, al lado de Viajes Iberia, en el mismo edificio, y Nebraska en el local que ahora ocupa Sfera.

Freddy se presentaba como el manager de Las Grecas, y estaba apoyando a la compañía en la promoción del disco porque, de ello y de sus ventas, dependía que aumentara el número de galas de las hermanas Muñoz Barrull para ese verano. Las Grecas habían arrasado en 1973 con Te estoy amando locamente, un producto, musical y artístico que Tomás Muñoz encargó a José Luis de Carlos y éste junto a Eddy Guerín, Pepe Nieto y Johnny Galvao, moldearon y crearon dando lugar a Las Grecas y el fenómeno del “Gipsy-rock”.

Te estoy amando locamente llevaba los arreglos de Pepe Nieto, y su éxito fue de tal dimensión que a los pocos meses se encerraron con las hermanas para trabajar en su primer LP que llevaría el título del movimiento creado, Gipsy-rock. En 1975 Johnny Galvao se encargaba ya totalmente, y en exclusiva, del producto cuyo resultado fue Mucho mas, el LP que incluía Ya no quiero pensar, y ese era el motivo de la visita de Freddy a la radio.

Era un hombre que sabía enredar, liar a su interlocutor de forma convincente y sacaba compromisos de cualquier situación. Juan F. Le caló enseguida y me previno sobre él, yo tardé mas tiempo en descubrir la auténtica máscara del representante. Le había pedido a Garza y a Nieves acompañarles a Los 40 porque quería conocer al personal de la FM, aunque eso no era muy habitual porque únicamente los representantes, llegado el caso se reunían con Revert y Tomás. Al terminar el café me invitó a conocer Tina y Carmela en una comida al día siguiente.

“Ten cuidado porque esa mujer es fuego y sensibilidad”

Cuando llegué al restaurante me estaban esperando. Freddy se levantó, vino a saludarme y me presento a las hermanas Muñoz Barrull, Las Grecas. Tina fue mas locuaz, y en el momento de dar un par de besos a Carmela sus ojos volvieron a traspasarme. Poseía una fuerza enorme en la mirada; era una mujer arrebatadora. Hablando sobre la música y su carrera me dí cuenta que sabían lo que querían y como conseguirlo.

Yo pensaba que eran un producto de laboratorio, de marketing, pero, o por la influencia de su manager, o porque estaban bien aleccionadas por Gil y Aurelio González, el caso es que hablaban de su sonido, José Luis de Carlos, de Johnny Galvao, al que conocí unos días después, de la madurez que habían sentido al grabar su segundo disco, de las galas,… pero cada vez que mis ojos se cruzaban con Carmela saltaban chispas dentro de mi. Freddy se dio cuenta, y al salir del restaurante mientras ellas se adelantaban para entrar en una zapatería de la Gran Vía, me dijo que me había notado demasiado pendiente de Carmela y me avisó; “Ten cuidado porque esa mujer es fuego y sensibilidad”. Nos despedimos quedando en volver a vernos en cualquier momento y sin fecha fija. Intercambiamos los números de teléfono y quedamos en seguir en contacto.

Al día siguiente se presentó en la radio con las dos, Tina se quedó fuera y él entró en el estudio con Carmela. “Solo pasábamos a saludarte porque hemos venido a grabar unas entrevistas con Prat”. En un momento determinado él salió y le preguntó a Carmela si le esperaba allí o salía con su hermana. Ella decidió quedarse. Estuvimos hablando durante un cuarto de hora, nos fuimos conociendo, su forma de gesticular con las manos, se acento, su pasión por el flamenco, Manolo Caracol, Lola Flores, los Montoya, toda la saga de los Barrull, el ambiente en el que se movían,… era un volcán expresándose.

Empezamos a salir los cuatro casi a diario, intercambiábamos opiniones sobre los conciertos, como tenían que ser los directos, la forma de actuar ante el público, como crear un clima en el escenario, etc. Yo les transmitía mis conocimientos de mis tiempos de teatro, pero en ellas había una fuerza innata que lo absorbía todo y sabían como adaptarlo.

Viaje a Extremadura
Llegado el verano, con motivo de una gala en Extremadura me pidieron que les acompañara, sería divertido. Por desgracia el viaje en lugar de divertido iba a ser duro para mí. Dos días antes había fallecido mi abuelo y no me encontraba nada animado para ir a un viaje de todo un día con regreso de noche sin dormir. Le pedía Revert no hacer el turno esa tarde y me dio libre hasta el lunes, se lo dije a ellas, pero insistieron haciéndome ver que eso me distraería, y que a mi abuelo le gustaría verme feliz. Quedaron en pasar a buscarme, y a la hora prevista allí estaban los tres; Freddy, Tina y Carmela. Tina pasó delante y Carmela se quedó a mi lado dándome ánimos e intentando distraerme con anécdotas suya, de su hermana, de Saray y de sus primos; Realmente se adoraban. El trato y cariño que me dio en aquél viaje a Extremadura hizo que la pasión y fuego que sentía por ella se convirtieran en algo mas profundo, empecé a verla de otra forma aunque intentaba no manifestar mis sentimientos pero ella lo notó.

Al llegar a Trujillo el equipo de sonido estaba montado y los músicos ya habían probado. Ellas interpretaron un par de canciones para ajustar y sin apenas tiempo entraron en el camerino habilitado en un módulo detrás del escenario para cambiarse. La actuación iba a ser por la noche, hacía calor. Mientras tomábamos una cerveza Freddy y yo vino a saludarme un muchacho al que la organización le había contratado para presentar las actuaciones de las fiestas pero alguien del equipo le había dicho que ellas llevaban presentador, me preguntó si lo quería hacer yo. Le contesté que en absoluto y que estaba allí como invitado, le di un par de datos de interés sobre los discos y la marcha de las ventas y se despidió no sin antes dejarme su tarjeta, allí ponía Roberto Gómez. Unos meses después entraba a formar parte de la cadena Ser como redactor de deportes al lado de José Mª García.

Durante dos meses las acompañé a las galas que el trabajo me permitía. Fui varias veces a su casa, conocí a sus padres y vecinos mas asiduos del barrio de San Blas, donde vivían, salíamos a comer los cuatro, nos veíamos casi a diario, Tina hablaba y hablaba sin parar de Saray, su niña; realmente en aquella casa había una fuerte corriente artística y se vivía la solidaridad del mundo gitano, pero siempre estaba Freddy actuando de intermediario. En alguna ocasión le acompañé en viajes de un solo día que realizaba para cerrar contratos de galas y, aunque me quedaba fuera y no asistía a las negociaciones, por lo que me contaba al salir me fui percatando del tipo de personaje que era.

Freddy no era un manager, al menos en lo que se consideraba como responsable de la carrera e imagen de un artista, era un representante-contratista de galas y se llevaba el 20% de comisión. Para mi un manager lleva la carrera del artista y se convierte en casi su productor y responsable de su oficina. Fredy no trabajaba así. Tenía el despacho en Madrid, en su propia casa, estaba casado con una mujer guapísima y elegante con la que tenía un hijo, pero Freddy no tenía una vida muy ordenada precisamente.

Coincidiendo que tenía un fin de semana de tres días libres seguidos, un jueves por la noche, sin avisarles saqué un billete en coche-cama a Barcelona. A la mañana siguiente me presenté en el Hotel Diplomatic. Hablé con Freddy por teléfono y le avisé de mi visita. Al verme no se lo podían creer, fuimos juntos a las entrevistas de la radio, una de ellas con Luis del Olmo en Radio Nacional y allí Carmela volvió a presumir de tener presentador en las galas. Ese día yo llevaba una americana blanca de finas listas azules haciendo cuadros y ante todo el mundo me señaló guiñando un ojo. No me gustó mucho el gesto, pero entendí su complicidad.

Mis sentimientos apasionados habían ido en aumento y en la radio ya había un rumores que corrían los pasillos. Algunos compañeros me preguntaban directamente qué había entre Carmela y yo. Siempre contestaba lo mismo, ”Absolutamente nada”, pero Juan F., Olimpia y Anabel se reían de mi porque me costaba disimular. Así que un día que habíamos salido a cenar los cuatro le pedí a Freddy que se marchara antes con Tina y me dejara hablar con Carmela a solas tranquilamente.

La elegancia, el encanto, inteligencia y sutileza con que ella me trató aquella noche me hizo ver que si hubieran sido correspondido mis sentimientos me habría encontrado con la mujer soñada. Me traslado el cariño que me tenía, lo mucho que me quería, pero que en esos momentos su carrera estaba por encima de todo lo demás y tenía que estar centrada en ello. En Septiembre iban a intentar el salto a Nueva York y para ellas era el mayor reto de su carrera.

Siempre que he recordado aquella conversación he llegado a la misma conclusión, si la historia no hubiera terminado así, si hubieran tenido otro responsable de su carrera artística, estoy convencido que su vida, y la de su hermana, no habría llevado los derroteros que cogió años después. Estoy seguro que Freddy habría salido de sus vidas y una mayor madurez y serenidad se habría apoderado de la carrera de Las Grecas, pero esa historia no pudo terminar como yo quería. El futuro nos tenía reservados diferentes caminos a ambos, y una tragedia para ellas.

Decidimos vernos menos. Tras las galas de verano ellas se iban a marchar a América y eso era lo mejor para los dos. Cada uno centrado en su trabajo. Cuando regresaron Carmela me llamó una tarde, me dijo que se había acordado mucho de mí y que nunca me olvidaría. A lo largo de los años he seguido sus vidas a través de lo que los medios iban contando. No volví a ver a Freddy. Alguien me dijo unos años después que se había divorciado porque su mujer se había enterado de sus infidelidades. Mi vida cogió otro rumbo y cuando me enteré del estado de Tina, la agresión a su hermana y la esquizofrenia que acabaron con su vida lloré amargamente. Las quise, y Carmela despertó en mi sentimientos que nunca olvidaré y siempre agradeceré.

Siempre he dicho que el flamenco, y todo el mundo que le rodea, me produce una fuerte reacción de rechazo, y bien que lo saben quienes me conocen. Eso empezó a suceder cuando dejé de ver a Carmela. Un amigo sicólogo me dijo que era una reacción de autodefensa, porque yo no le encontraba explicación. Recientemente he vuelto a interesarme por ese mundo y poco a poco, lentamente, vuelvo a acercarme a él. No para entenderlo, no podré. Para sentirlo como me lo hicieron sentir en las reuniones y fiestas privadas con ellas y su familia. Siempre las quise y querré.

* He intentado fotografiar aquí los momentos de un tiempo con ellas de forma desapasionada, y me ha costado, pero necesitaba contar el dolor sufrido por la dureza con que la vida las trató. Solo deseo que Carmela, ahora con sus hijos, sea feliz.

 Ha sido realmente duro escribir este post. Tina descansa en paz. Fuerza Carmela.

Proximamente: "Quadraphonico" Miguel Gallardo

extraido de http://www.leyendaviva.com/2012/04/nunca-18-carmela-y-las-grecas.html?m=1